viernes, 7 de enero de 2011

Punto de Fuga


Salir de trabajar es hermoso y lento
como discutir sobre Peronismo.
Otro día parece terminar,
la infancia de la noche reposa
sobre una publicidad de shampoo,
el sol dejó la vereda hirviendo,
me siento al revés en el 160
y veo como me abandono en un punto de fuga,
huyendo paulatinamente de la distancia.

jueves, 16 de diciembre de 2010

La telaraña de lo que quedó


Se me abren los parpados
y me descubro en el hastío,
en el fuego hipócrita y en la navidad funesta,
terrible,
para nosotros,
para los sonados,
el Carpe Diem del Rock,
con el pelo heredado,
indemne,
de alguna foto del Mayo Francés
o de algún disco roto,
qué importa,
hoy tiene barro del conurbano,
sangre lozana,
risas perdidas,
ocasos injustos;
no tengo en qué soñar,
culo rollinga que te fuiste,
tatuaje piojoso en la panza,
el cielo nunca va a mandar ambulancias al infierno,
es obvio, nena,
nosotros somos obvios y esclavos,
el póster de Gulp,
tu habitación vacía,
tu colección de entradas en la mesita de luz,
alguien que prenda las luces,
ilusión muerta,
asesinada,
y sistemáticamente lógica,
sin piedad,
para nosotros,
que miramos televisión
y vemos torturar la voz,
los acordes,
los besos,
la vieja,
el abuelo,
la birra,
el futuro,
la distancia,
la pendeja,
la soledad,
el espejo,
y todo aquello que queda,
que es mucho más que hambre y zapatillas;
por eso, es que a veces, o siempre,
no creo que sea tan absurdo o fatal,
balearme en tu ascensor,
con tu olor, tu silencio,
y tu recuerdo adentro.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Boyero eléctrico


No sé que decirte,
es una paja encontrar eso que nos rompe,
que nos trata de ilesos,
pero hoy el tiempo es un Mando Medio,
una Bombucha con arena,
y nos deja con este baldío de besos
que los vecinos transformarán
en una plaza con toboganes de madera.

Hay un amanecer en el fondo de todo esto,
una biblioteca enorme, una tranquera entreabierta,
por culpa de nadie, ni siquiera nuestra;
ahora somos el otro lado de la compuerta,
arroyo quieto, cascadita,
somos una vaca tímida,
su mirada perdida entre los yuyos,
herida con desdén, castigada,
por la cobardía cruel del boyero eléctrico…

¡Ahí está! eso es, el boyero eléctrico,
ese morbo del límite,
la división a fuerza de miedo,
la línea de cal del mundo.
Soy un paisano borracho en tus clases de Tap,
Eso mismo, ¡puta madre!
todo lo que negamos ser,
todo lo que ahora nos quema
es la hornalla que nos incendia en un abrazo,
en esta sensación de amague
que me desespera en el almanaque de tus ojos.

Por favor, no sé que decirte,
se me viene tu sonrisa
junto a la mansedumbre de las mojarras,
y créeme, no aguanto más:

Estoy cagado a baile.

domingo, 14 de noviembre de 2010

Mensaje de texto

Mi hippie limpia,
mi esbelta excusa para
escurrir la desazón,
mi explosión impar;
esa murga en el pecho
cuando nos hacemos
un solo cuerpo.

jueves, 4 de noviembre de 2010

Perplejos

Hicimos dedo durante años
y nunca nadie nos tuvo lástima.

Ahora,
ya hemos aprendido
a quedar perplejos.

La palabra Tiempo,
siempre la escribiste entre comillas.

lunes, 25 de octubre de 2010

Flopy, inmediatamente triste


Flopy llegó del gimnasio,
comió ensalada de frutas
y se metió en la ducha.

Flopy en tanga,
secó su pelo,
se puso desodorante
y untó sus manos con crema.

Flopy toda limpia,
Flopy crema de enjuague,
las pantuflas de Flopy,
el celular de Flopy.

Flopy atendió.
Flopy habló con Dolo.
Flopy se enteró:
Martín va a estar en el cumple de Luli.

Desde la cocina,
alienado en el último mate frío,
pude escuchar el trépido lagrimeo de Flopy.

Entré a su cuarto y la vi.
Flopy inconsolable,
tirada en su cama,
mirando el techo,
luchando soberanamente
para poder subirse el cierre.

Flopy me miró, lloró para siempre
y se sintió desnuda sobre Coronel Díaz.

Flopy y sus tres kilos de ciclotimia.
Flopy angustiada.
Flopy desolada en el prólogo de un sábado.
Flopy torturada.
Flopy, inmediatamente triste.

Alto Palermo.
Flopy.
El mundo y sus maltratos.

lunes, 18 de octubre de 2010

Un pibe de las inferiores

Cuando te diste cuenta
que olvidé tus libros en el tren,
me dijiste de todo
menos que el futuro
es nuestro lugar en el mundo.

Llorabas,
lamentabas la muerte de tu prosa eslava.

Tosías,
maldecías la hora en que nos encantamos.

Me dijiste que esto fue
la gota que rebalsó el Río Arrecifes,
y yo ni siquiera pude disculparme.

Me sentí un pibe de las inferiores
en la soledad de una pensión,
un alcanzapelotas lento,
humillado y bastardeado
por el temperamento guaraní
de José Luis Chilavert.