martes, 20 de septiembre de 2011

La casa de mi abuela Mamei


En los últimos dos prácticos de Literatura Inglesa escribí
los versos que le dieron mecha a los poemas restantes,
me pido un poco de disculpas,
le mando un abrazo a Marlowe y a toda la muchachada british;
también me acuerdo de tu foto en el Globe,
acá en Buenos Aires hacía tanto frío,
todo estaba tan lejos,
tan otro mundo;
pero hagamos foco,
los versos que dieron mecha,
el caracú de este puchero,
es otro:
La casa de mi abuela Mamei,
allá,
del otro lado del arroyo entubado,
en el Bajo Arrecifes;
pongamos pausa,
mirá bien,
en este déjà vu infante hay un vacío quieto,
postrado sin tapujos en un día de semana del invierno de 1995,
mis primos,
Yamil, el Toto, Emir, el Negro Omán, el Amarillo,
semifinales del mundo en el patio
o en la placita que ya no existe más,
la hamaca era uno de los arcos,
tenía travesaño y todo,
jugábamos contra los pibes del barrio,
los Orioli, hermanos cordobeses,
Regalón, Calita, Pitico, Caraegato,
mi hermano siempre se plantaba,
nerviosito, astuto, te primereaba,
mi hermano y el Toto que atajaba,
entonces Yamil y yo tirábamos lindas paredes,
todo es un preludio infinito,
la pelota que me gané llenando el álbum,
olor al gas de la estufa,
el pasto reseco,
pan oreado,
mermelada de damasco,
cruzar la Plaza Mitre,
los chicos del centro,
las carreras de karting a rulemanes,
mi profesora de inglés particular diciendo:
stop in the same line,
todos juntos cantando Imagine o Lemon Tree,
mis tíos,
la Cari, mi preferida hasta que el 2012 sea cierto,
el Ale, el Gallego y Jorge,
el Turco para los pelilargos que integraban "Búho",
mis abuelos,
Mamei y el Cholo,
los padres de mi vieja,
los suegros de mi viejo,
café con leche para el resto de mi vida,
mis bisabuelos,
Juana y Germán,
el Siglo XX de carne,
Germán murió a los 99,
pidió que su cajón lleve una foto de Perón
y una camiseta del Rojo de Avellaneda,
Juana tiene 94,
lo extraña,
le pregunta a mi mamá por él,
pero en aquel momento,
en el invierno del 95,
un día de semana,
Germán era jardinero,
pitaba como un murciélago,
se amaban con historia,
esa felicidad que hasta parece impune;
ahora tengo un maremagnum de primitos
que sonríen los sábados al mediodía,
si ellos supieran,
la tarde oscura que apagamos la tele,
llovía como cuando Palermo le hizo el gol a Perú,
la inundación,
la mirada de Mamei perdida en
lo poco que quedaba del horizonte,
El agua desde los ranchos,
a veces cuando estoy escuchando a Dylan
recuerdo estas cosas y me pongo a llorar,
en seguida me río,
se me viene la mañana que con
el Toto matamos una víbora ciega,
o cuando la Cari me llevaba a tomar helado
de crema del cielo a lo de la Yepa,
en frente de la casa de la Rosi,
la doncella noventosa de la calle Alberdi,
hace poco volví a verla,
tiene un diente menos,
se me cayó una década encima,
el padre tomaba vino y tocaba el acordeón en la vereda,
al lado de la Iglesia Evangélica - Unión Pentecostal,
nunca escuché un Sapucái tan Kurt Cobain,
la tardecita era un clip de su chamamé,
siento que están pasando los créditos de mi infancia,
el campito de los circos,
los parques de diversiones,
el samba, las sombrillas voladoras,
las chicharras eran voces en off de la siesta,
los horneritos,
Loco tu forma de ser,
el miedo atroz a las gitanas que vendían alfileres,
espiábamos por la ventana y Mamei no les abría,
nos cruzaban los dedos,
nos miraban fijo,
nos deseaban el infierno que inventó occidente,
no puedo creer como todavía no estamos muertos
o siendo perseguidos por El Chancho con Cadena,
si todo esto fuese mentira,
si nunca hubiese visto al regador municipal
mojando las calles de tierra,
lo inventaría,
intentaría soñarlo todos los días,
aprendérmelo,
para contarlo tal cual,
con lujo de detalles,
con una leve tendencia a la exageración,
en la cena que me presentes a tu familia,
en una entrevista de trabajo,
o simplemente,
para escribir este poema,
que en definitiva,
es lo mismo que estar vivo.




martes, 23 de agosto de 2011

La Feria del Libro

Una promotora rubia te ofrece

la muestra gratis de brancamenta:


indómita,

negás sin levantar la vista,


sentadita,

leyendo el libro que te robaste,


atónita,

tu vestido floreado,

vintage como tu cara,

como tu sonrisa,


ida,

tus cachetes del culo rojos por el pavimento,

tu mirada acongojada,

desplomada sobre los versos,


irresponsables,

mientras seguimos haciendo tiempo,

mientras seguimos haciendo nada,


hipócritas,

el pabellón dónde está la oferta de Paco Urondo,

se llama José Alfredo Martínez de Hoz.

miércoles, 10 de agosto de 2011

La esperanza

Izando la bandera del martirio
se nos va a romper el joystick del progreso,
nos vamos a volver marginales
hasta perder la noción de la distancia.

Esta vez,
ojitos de Almendra,
no creo que metas
una foto del Marqués de Sade
dentro de tu voto;
esta vez no,
ahora la patria también se parece
a nuestras siestas con el ventilador al taco.

lunes, 8 de agosto de 2011

Oda a Microsoft Word


Te vi vacío,
lleno de atrocidades,
de miedos,
de oraciones unimembres
que nunca nadie podrá leer.

Te vi cansado,
centrado,
justificado,
alineado a cada uno de tus costados.

Te vi abrirte lento,
preguntarme si deseo guardar
mi histeria sintáctica,
repreguntarme si estoy seguro,
ponerle límites a la existencia.

Te vi inmortal,
lúgubre,
triste,
aburrido,
conciente de ser el único,
de vacaciones en el escritorio,
acariciando el WordArt,
esa mascota menemista
que decora tu estatus.

Te vi viejo,
solo en un asilo,
abandonado,
incompatible,
con tu lomo blanco lleno de marcas rojas,
torturado por la RAE,
esa sarta de sicarios del verso.

Te vi en todas tus versiones,
metiendo un pase entrecortado
para que la impresora defina.

Te vi llorando,
sangrando,
craneando mails olvidables,
echar de menos un millón de notas al pie.

Te vi celoso,
tímido,
ansioso,
haciendo scroll desesperado,
la forma más absurda del consuelo.

Te vi en el sueño de la siesta,
en la cárcel,
con la elegancia de la cursiva,
con las tetas paradas de la negrita.

Te vi,
desde que tengo uso de la razón que me toca,
dentro de mi vida,
cerca del aire.

Te vi,
fuerza enferma,
paladar del alma.

Te vi,
y me hago cargo.

martes, 19 de julio de 2011

Somos un archivo de folios infinitos


Esa remerita de Los Piojos

dejaba tu cintura a la intemperie,

transpirada y hermosa,

porque del barro te viste crecer

porque del barro sos vos,

como quisiera que me vuelvas

a pedir que te suba a los hombros,

para cantar como loca y mostrar

la bandera de Villa Raffo,

como quisiera que vuelvas a tener un poco

de aquel rollinguismo abstracto,

aunque ya no vale la pena,

ahora soy tu tabú familiar,

somos un archivo de folios infinitos,

en Tribunales nadie se imagina

que alguna vez abrazaste a un rolo,

los cadetes te dicen doctora y bajan la mirada,

tu vieja está feliz,

me la crucé en la farmacia,

si vos supieras las cosas que compra,

me miró como cuando éramos felices,

como sabiendo que sigo siendo fiel a mis tatuajes,

no la juzgo,

vos sos abogada de frente manteca,

laburó mucho para eso,

debe sonreír cuando se imagina tus reuniones,

pero nadie piensa en el final,

en el momento que esa sala queda vacía,

ahí queda toda la verdad impregnada,

una masa amorfa y densa de verdad,

nunca voy a conocer tu derpa en Las Cañitas,

a mi no me debés nada,

cada uno hace lo que puede,

a vos tampoco te juzgo,

si todavía en mi cuarto tengo colgado el trapo,

el rencor es un invento de la derecha,

de tus jefes,

háceme caso por última vez,

algún día cuando termine una reunión

dejá que se vayan todos y quédate sola…

el desierto de azúcar en el fondo

de la taza de café,

míralo bien,

es una tempestad dulce,

que se parece a tu montoncito de dedos

cuando te decía que tenías la culpa,

cuando te decía que había que dejar

de pegarle portazos a la paciencia,

cuando te decía que no podías ver

más allá de mi cara de culo,

inmediatamente,

tanto silencio se cae de maduro:

nunca voy a ser el sexto grande de tu vida.

lunes, 11 de julio de 2011

Me quema la cabeza pensar que te vas a ir a vivir a Francia


Entonces te imagino caminando por el Boulevard Sébastopol
de la mano de uno de esos,
los nuevos pensadores argentinos,
un puaner ortodoxo,
un snob, un ortiva,
esos que en las reuniones no nombran Cortázar
porque es un lugar común,
esos que siguen eternamente merodeando los pasillos de Puan,
saco negro, morral de cuero,
porque saben que las pibitas de primer año
andan por el patio hablando de Estructuralismo,
buscando que Fogwill vuelva y las enamore para siempre,
tengo ratitos que me desesperan,
y me quema la cabeza pensar que te vas a ir a vivir a Francia,
porque además siempre te veo con un tipo así,
parece apropósito,
pienso que se van a cruzar con Zidane en un restaurant
y este pelafustán que te abraza no lo va a reconocer,
esos tipos son así,
Zidane es un poema,
su ídolo es Francescoli,
que es uruguayo como la Maga,
pero vos no sos la Maga ni Ludlud,
y ninguno de los amigos de tu Oliveira será Gregorovius,
nunca,
pero vas a conocer París sin mí,
se me cae una lágrima cuando lo pienso,
te imagino comparando París con el bajo Belgrano,
diciendo sonriente que te recuerda a las calles
que rodean la cancha de Excursio,
o Barrancas,
donde frena el 15,
donde está pintado el mural de Toni “El Gordo”
con un chumbo en la cintura,
te veo hacerte la feliz,
cualquiera,
este poema iba a tener cuatro versos,
me levanto en el medio de la noche porque no aguanto,
tengo frío,
me pongo el buzo de entrenamiento de River,
el de la temporada anterior,
y que River juegue en la B ya no es más una metáfora,
y París tampoco,
es un lugar de mierda que vas a conocer sin mi,
los sábados vas a tirar piedras en el Senna,
vas a hacer patito,
y acá,
si entran los visitantes,
a mi me van tirar piedras los pibes de Merlo,
pero no creo que eso pase,
aunque acá nunca se sabe,
no es como en París,
que andan sin buscarte pero sabiendo que te van a encontrar,
no,
acá no,
la línea D va llena y olvídate,
ya sabemos que perdemos,
y me quema la cabeza pensar que te vas a vivir a Francia,
me saco el buzo,
el pantalón,
las medias,
dejo una en cada zapatilla,
apago la luz,
toda dormida,
el pelo sobre la cara,
te abrazo,
murmurás,
y en la oscuridad de la habitación
veo la fosforescencia de un matapolillas,
redonda,
con el perímetro desprolijo,
como lo que veo cuando cierro bien fuerte los ojos,
como la luz de la bengala que ilumina mar adentro tu noche.

lunes, 4 de julio de 2011

Lobby

La luz del pasillo

se inventó para los miedosos;

la prendo,

llego a la cocina,

abro la heladera,

tomo agua del pico,

boxer cuadrillé,

remera blanca de Maratón Solidaria,

descalzo,

baldosas frías,

vuelvo por el pasillo,

apago la luz,

me tapo,

me acurruco,

y en el entretiempo del estado alfa,

pienso…

tu psicóloga y la mía

tendrían que juntarse en una esquina

y recagarse bien a trompadas;

o de última,

no sé,

hacer un debate en TN,

con placa roja, imprenta blanca:

DOS PROFESIONALES HACEN LOBBY

CON INCERTIDUMBRE AJENA.