martes, 6 de mayo de 2014

Ruta 51


Está amaneciendo,
el sol se asoma redondísimo entre las nubes bonaerenses,
y yo voy acurrucado arriba de una combi,
por una ruta provincial llena de pozos.

Todo a mi alrededor es un desierto de soja;
ese petróleo gaucho que nos mantiene vivos,
pero nos prefiere muertos;
ese alter ego de la democracia.

Los camiones viejos que vienen de frente zigzaguean,
sus bocinas son alaridos,
parecen dinosaurios con rabia,
heridos en la cola.

El chofer de la combi mete maniobra tras maniobra,
maneja sobre un asfalto de posguerra,
y encima,
por el espejo retrovisor veo su mirada cansada:
tiene gestos de preocupación y tristeza,
como a punto de ser eliminado otra vez por Alemania,
lleva los ojos hinchados,
como un nene cuando mira dibujitos,
antes de dormirse.

Me falta el aire,
siento terror,
siento bronca,
siento que en cualquier momento nos convertimos
en una pelota playera de chapa;
pero respiro hondo,
miro al sol iluminando los eucaliptus,
y me la banco,
porque es el abecé,
del amor y la distancia.

martes, 29 de abril de 2014

Los amores de su vida


Los amores de su vida se van,
en silencio,
haciéndose los boludos,
sin culpa,
huyen,
se pierden en la neblina de un amanecer
que nunca llegó,
que nunca pudo;
se van,
se toman el palo en un Chevallier sucio,
en avión,
en los sueños,
en ovni,
se van en lo que tengan a mano,
en barrilete,
en remis,
en combi,
en bicicleta;
como sea,
lo amores de su vida se van,
se los ve pedaleando al sol,
con vestidos de colores,
con los pelos al viento,
se despiden de la pérdida,
y con el duelo resuelto,
se van,
dejan el ruido atrás;
cuando él fue,
los amores de su vida fueron, vinieron,
y armaron campamento en su recuerdo;
no dudan,
se van,
emociona verlos caminar por un puente viejo,
a punto de caerse,
pero sonriendo,
felices,
silbando acordes mayores,
así se van,
claros,
livianos,
libres,
se fugan del debate cíclico,
de la contaminación,
del vicio;
los amores de su vida se van,
marchan,
son una colimba sensible,
corren por un bosque escarchado,
a oscuras,
desaparecen,
como el suspenso,
como la paz,
como las ganas,
como los goles de la fecha en el noticiero,
inalcanzables,
siempre se van,
son una hinchada visitante que perdió,
se van,
nada los detiende,
por la noche,
bajo las estrellas de un cielo color nafta,
parten,
como la fama,
como el éxito,
como la tolerancia,
los amores de su vida se van,
para no volver,
para no arruinarse,
escapan en una calesita voladora,
recorren los techos de un barrio imposible,
con luces de carnaval,
con cumbia santafesina,
van levantando vuelo y se alejan,
no están más a su lado,
se van,
prometiendo nadas,
llorando contradicciones,
los amores de su vida se van,
son un link que marca error,
un zeppelin,
una liebre,
una Ferrari,
un huracán,
un barco de papel,
un poco de historia.

viernes, 11 de abril de 2014

La primera noche


Lo vamos a pensar,
mucho,
vamos a tomar la decisión
y vamos a vivir juntos;
va a ser difícil,
ya sé,
como todas las primaveras que se planean,
pero la primera noche,
vamos a estar en medias,
vamos a pedir delivery de perdices,
vamos a tomar vino,
vamos a tener los labios violetas,
y en el placard de la pieza,
donde yo guardo los botines embarrados,
vamos hacer un túnel secreto que nos lleve hasta
los paisajes de los desodorantes de ambiente,
y ahí nos vamos a dar un beso,
con No me arrepiento de este amor de fondo,
y agarrados de la mano,
vamos a correr entre los pinos,
sonriendo,
agitados,
como en una película de Disney
dirigida por Leonardo Favio,
y vos vas a ser más linda que Emmy Rossum,
y yo voy a tener la sonrisa de Maradona en México,
pero voy a estar con un jean
y con una camisa cuadrillé,
una que me regalaste para un cumpleaños,
nada va a tener que ver con nada,
por eso nos vamos a reír,
vamos a llorar de risa,
vas a decir que esto es ridículo,
y cuando digas eso nos vamos a besar de nuevo,
porque nos nace,
nos brota,
es como ser sindicalista y tener carisma,
y te voy a decir eso,
gesticulando,
y te vas a tentar,
y vamos a sentir que es un sueño,
vamos a ver que cae la tarde,
vamos a oír los pájaros,
y agarrados de la mano,
vamos a volver a meternos al túnel,
y vos vas a decir algún chiste fácil sobre Sábato,
y yo te voy a decir que te apures,
y te voy a pellizcar un cachete del culo,
y me vas a putear,
otra vez tentada,
y me vas a decir que cuando lleguemos
a casa me vas a agarrar,
y cuando estemos de vuelta en la pieza,
vamos a ser felices,
y listo.

martes, 8 de abril de 2014

Lo que pensé un feriado a la tarde


Ahora que llueve,
me voy a parar cerca de la ventana
y voy a tomar mate,
en un acto de resistencia a la velocidad.

Con el termo apoyado en el pecho,
voy a mirar cómo se mojan las zapatillas,
en una esquina del balcón.

Aunque sea por un rato,
eso me va a dar fuerza
para entender tu tiempo,
que se parece a esa maceta abandonada,
a la que quiero poner en condiciones.

miércoles, 26 de marzo de 2014

Alto precipicio

Con el miedo que me genera
el precipicio de tu tiempo,
me voy a tirar:

de palito,
con la nariz tapada.
             
Voy a hundirme hasta lo más profundo,
y le voy a sacar el tapón al pasado.

De a poco,
lo hondo se va a vaciar,
acordate. 



jueves, 27 de febrero de 2014

Oda a los stalkers

La sangre se desparrama en el cuello de cada letra,
en la sonrisa de cada foto;
y nos perdemos,
como siempre,
en la paranoia menor de nuestro tiempo.

¿Qué tengo que pensar si te trata de usted?

Interpretamos.
Nos enfermamos.
Somos la corrupción de la melancolía.

¿Dónde escondías la lucidez que nos faltaba?

Boquiabiertos,
perdemos batallas de las que no participamos,
caemos en el libertinaje absurdo de la obsesión,
llevamos las estadísticas inservibles de la histeria.

¿Cuánto tiempo hace que se conocen?

Flasheamos.
Nos torturamos.
Padecemos el trastorno compulsivo de la ausencia.

¿Por qué elegiste la ironía para sobrevivir?

Cada uno hace lo que puede,
así es la arqueología digital de los abrazos,
así son los museos de nuestro futuro,
y cuando nos arrastramos en la sal,
cuando nos tiran las Torres Gemelas del ego,
especulamos con la esperanza de lo incomprensible,
nos arrancamos los pelos,
lloramos con el velador prendido,
deducimos jeroglíficos emocionales;
porque en este mundial de culpas,
necesitamos perder en paz,
para que nadie,
nunca,
pueda explicarnos lo que no está:
el resultado final del miedo. 

martes, 25 de febrero de 2014

Remis. Las 24 horas.

Un remisero,
en una calle de tierra,
a diez kilómetros por hora,
con el brazo peludo apoyado en la ventanilla,
los ojos achinados y un pucho en la boca,
busca la dirección exacta.

En el espejo retrovisor tiene colgada
una estampita de Francisco I;
hay migas en el tapizado,
y el estéreo,
con tipografía flúo,
reproduce música electrónica.

Mientras amanece,
un perro ladra detrás de una reja,
los primeros rayos del sol acarician el capot
y las gotas de rocío brillan sobre el pasto que rodea la cuneta.

Toca bocina,
espera,
toca de vuelta,
nadie se hace cargo;
el perro ladra cada vez más fuerte,
muestra los dientes,
le pega con las patitas al alambre.

El remisero tira el pucho,
con movimientos bruscos,
mete marcha atrás,
abraza el asiento de al lado con el otro brazo peludo
y avanza rápido.

El sonido del motor es triste,
las ruedas salpican barro chirlo,
el Papa bailotea
y los ladridos se pierden en el aire.

Llega hasta la esquina,
frena,
llama a la remisería,
discute con la piba que atiende,
le dice que es una estúpida,
le corta,
golpea el volante,
putea a Jesús
y se pone a llorar.

Sin consuelo,
cree que todo le sale mal,
sólo a él.