miércoles, 10 de abril de 2013

Apariencia


Parece cansancio; pero es miedo.
Parece paciencia; pero es resignación.
Parece poesía; pero es tiempo.

Parece la tarde que caminamos junto al río;
pero es otro río, otra tarde, y otros nosotros.
Parece de noche;
pero es de día, llueve mucho y ya te fuiste.

Parece un medio de comunicación;
pero es un partido político.
Parece una red social;
pero es una alcantarilla cínica.

Parece el futuro;
pero sos vos en musculosa y sin corpiño,
un sábado a la siesta,
ordenando la biblioteca.

Parece tu mirada;
pero son tus ojos postrados en el celular,
persiguiendo al mundo,
leyendo lo inmediato.

Parece una guerra;
pero es el silencio.
Parece una facultad;
pero es una empresa.

Parece un epitafio;
pero es un mail que nunca llegó.
Parece un arma nuclear;
pero es el amor que te tengo.

martes, 19 de marzo de 2013

Poema de un martes


En Buenos Aires está todo,
menos el tiempo que perdemos pensando en eso.

En Google está todo,
menos vos recién salida del baño,
con el pelo envuelto en una toalla,
sonriendo,
mojando el pan en el tuco.

En la libertad está todo,
menos la religión,
el miedo y la paz.

En el amor está todo,
menos la mala leche,
de la que no se vuelve.

En el tiempo está todo,
menos la poesía,
que hace la suya.

jueves, 28 de febrero de 2013

Un silencio zaparrastroso


A Manuel, el sobrino del Tano.



No sé para qué mierda te amo
en cantidades industriales,
si después a mi corazón lo vende
un nene descalzo en el subte;
desidia organizada,
mi pecho es la fosa oscura
del mecánico que arregla tu llanto
y mi patio sigue lleno de ortigas,
me arde la demora,
novela de carne,
me duelen los relojes;
ahí estás,
otra vez,
te estoy viendo,
te seguís olvidando de tomar la pastilla;
pero ahora te queda un silencio zaparrastroso,
nadie protesta,
nadie se acuerda,
sólo yo cuando tengo frío,
pero ya me fui,
no existo,
tirito en cincuenta cuadros,
subo otros ascensores,
soy un sábado nublado,
una cancha embarrada de la D,
un barrabrava muerto;
ojalá algún día puedas volver a mirarme,
en los ojos tengo un pretexto,
una consigna,
busco la paciencia que perdimos
en la prosa enferma de los mails,
y ahí me quedo,
balbuceando en el ardid de tus escrúpulos,
en este sillón-cama que nunca tuvo resortes,
como tu tacto.

miércoles, 6 de febrero de 2013

Lo que hace la fuerza (de un abrazo)


Empezó la reunión de consorcio en la Muralla China,
un verso se hizo prosa y nadie se dio cuenta,
Poseidón abrió los mares y puso un Carrefour,
pasó una ambulancia,
Messi gambeteó a todos los habitantes
de Brasil con la cara llena de lágrimas,
llovió hasta que nos dormimos,
África se volvió imperio y no se tomó venganza,
abandonaron un bebé en una capilla,
se le paró el corazón a un jugador de la Play,
nos enamoramos hasta la medula,
nos aburrimos de sentir,
una piba le sacó fotocopias a La Biblia,
un militante comprendió el Riesgo País,
flotamos,
la distancia nos desnudó,
empezamos a ver una serie,
la luna prendió el equipo electrógeno,
sonreímos,
elegimos el nombre de nuestros hijos,
le cortamos el pelo a una Golden gorda,
compramos un pasaje,
nos pusimos celosos,
lloramos,
subió el dólar,
nos chupó un huevo,
arreglamos un estribillo,
el olor a pasto mojado inundó el mundo,
estuvimos al pedo en Buenos Aires,
dudamos,
Tim Burton escribió un corto sobre nosotros,
el sol se desvaneció sobre la plaza,
homenajeamos a la siesta,
fuimos inalcanzables,
tuvimos la verdad,
leímos que lo que quisimos,
hicimos lo que pudimos,
nos desesperamos,
y ante tanta fuerza,
hasta el amor se sintió vulnerable.


miércoles, 23 de enero de 2013

Poema de una novela




A la memoria de Manuel Manrique


Terminé Plegarias nocturnas,
de Santiago Gamboa,
arriba del 115.

Cerré el libro y me puse a llorar,
quizá lloraba desde algunas páginas atrás,
nunca lo voy a saber.

Levante la mirada y una señora,
que podría ser la tía preferida de cualquier mortal,
me preguntó si me sentía bien:
sonreí,
avergonzado y con la cara llena de lágrimas,
contesté que sí.

Me hubiese encantado contarle quién era Juana,
su belleza,
su lunfardo colombiano,
su fuerza,
sus tatuajes;
pero no,
guardé la novela en la mochila
y miré por la ventanilla,
justo cruzábamos Plaza Miserere,
con el dolor dulce de la verosimilitud,
con la tarde cayendo insulsa,
refregándome los ojos,
vi toda la soledad amontonada,
toda la incertidumbre resistiendo,
y me dije:
mirá, boludo, hablando de Roma...

miércoles, 9 de enero de 2013

Desde la puerta de mi casa


Truena,
pero todavía no cae la lluvia,
en el aire hay una tensión divina,
un vientito sucio presagia el despelote;
entre las nubes,
bien en el rincón,
donde viven las arañas del horizonte,
parece que Madonna baja de una limousine
o hay un cumpleaños de 15,
flash que va,
flash que viene,
el cielo saca fotos para después subirlas a Facebook,
y así,
refregarle al infierno una catarata de megustas
que su ejército de mortales le otorga.

Truena,
la señora que pasea un pekinés acelera el paso,
frunce el entrecejo,
bufa,
me mira mal a mí,
como si yo tuviese la culpa,
se acomoda la pollera,
mete el monedero bajo la axila y reta al perro,
que sin comerla ni beberla,
rezonga en silencio,
con la correa en el cogote.

Por fin cae la lluvia,
gotones apurados se desploman
contra el pavimento hirviendo,
el sonido copioso de la lluvia es unánime,
dos mujeres cubren con un paraguas rosa
a su hijita haitiana,
una de ellas la alza,
la otra lleva la bolsa de los mandados,
ríen a carcajadas,
trotan las tres juntas sobre la vereda de Colombres,
llenas de amor,
mojadas,
felices y con futuro.

Desde la puerta de mi casa,
en cuero,
pantalón corto y descalzo,
recién resucitado de una siesta,
despeinado y con una novela en la mano,
creo que Dios es un barrabrava carismático.


lunes, 7 de enero de 2013

Haikus de Barrio Las Flores




I
Supercampeones,
mi chocolatada fría,
en los noventa.

II
Oliver Atom,
tu cancha infinita,
alta infancia.

III
El Carlos Saúl
vendió toda la patria,
I love Miami.

IV
Me enamoré…
admitió un subcampeón,
hoy es muy feliz.

V
Qué triste, loco,
el tiempo suele ser así,
pero esperá.

VI
A veces muero,
a veces escribo así,
a veces nazco.

VII
Soy un samurai
cobarde y ansioso,
vengan de a uno.

VIII
Versos que mienten
¿Qué onda los poetas?
cada uno sabrá.

IX
Mate amargo,
cae el sol sin nosotros,
no hay consuelo.

X
¿Cómo se hace
para aprender a oír
sin el silencio?