jueves, 8 de enero de 2015

Los aplausos de Villa Crespo

Recién escuché aplausos desde el balcón,
no sé de dónde vienen,
me intriga,
pero como estoy tomando cerveza solo
y el tiempo es un perro en extinción,
prefiero pensar que festejan algo
que yo también festejaría,
no sé,
que chapamos como los dioses
rodeados de patrulleros,
que la bandera de Euskadi es hermosa,
que aprendí a leer,
que no mueren más mujeres,
que hay un pueblo que se llama La Invencible,
que te sonreís,
que las estrellas,
que la noche recién confiesa,
que las editoriales independientes crecen,
que estoy bien,
que tenés el corazón más grande que
una casa de Gran Hermano,
que perdimos a tiempo,
que hay señal,
que incendiamos Chevallier,
que el mundo,
que los asados,
que la construcción,
que tarde o temprano vamos
a llegar al final que empezamos,
que el sol,
que una caricia,
que Dios es una patria peligrosa,
que las oportunidades,
que más vale,
que me hablás,
que te siento,
que todo lo que ves será nuestro,
que tus decisiones,
que las mías,
que hay lugar para todos,
que la poesía resiste,
que las vacaciones,
que tus ojos,
que el mar,
que viva el fútbol, Pisculichi,
que me tocás timbre,
que te abro,
que te abrazo,
que qué linda tu pollera,
que nadie se atreverá a decir
que no hice todo lo posible,
que nosotros,
que hoy,
que queremos,
que mañana,
que amanece.

lunes, 5 de enero de 2015

2015

Matar un silencio con el pecho
y agarrarlo de sobrepique,
que vuele alto, fuerte y lejos,
que llegue hasta el horizonte
donde la luna gorda titila,
que rebote,
que vuelva,
que caiga en un patio con malvones,
que lo encuentre alguien
que sepa lo que quiere,
que lo cuide,
que lo entienda,
que lo banque,
sin pronóstico,
sin miedo,
en pleno brote de la experiencia.

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Sobre la tela de una araña

Dos arco iris nacieron al mismo tiempo,
uno en Villa Crespo y otro en Arrecifes.

Desde el travesaño de cada curva multicolor,
creció una telaraña que parece un cielo.

Justo en el medio,
en la zona más tupida,
se balancea mi infancia.

Como vieron que resiste,
fueron a llamar a la tuya.

martes, 9 de diciembre de 2014

Usos y costumbres

Limpio mi casa,
empato,
apabullo el futuro contra mis rincones,
baldeaba tu desierto,
compraré hectáreas de tus abrazos,
quería que te vayas,
fundiré empresas que no existen,
camino mucho,
fumigaba tu oscuridad,
creía que era más fácil,
tomo mate,
ignoro de todo,
sonrío cuando la china me sonríe,
googleo la esperanza,
lagrimeo cuando River sale a la cancha,
proyecto,
trataba de entenderte,
soy un inútil,
salvé algunas ballenas de tu alma,
leo la prosa bella y terrible de los japoneses,
imitaba la voz de Fontanet cantando el estribillo de Prohibido,
recuerdo cómo te reías y me pedías que lo haga de nuevo,
tuve pesadillas con Cromañón,
tomo bondis que no pasen por Beara,
lloro sin darme cuenta,
pienso en la sonrisa de Ariana,
quiero volver el tiempo atrás,
retrocedí miles de casilleros,
cedo,
abuso del recurso de la repetición cuando escribo poesía,
chatearé con lo que queda de nosotros,
pataleo como un nene cuando espero,
bardeo tus miedos,
sufro los míos,
meaba la tabla,
hago lo justo innecesario,
escribo,
amaba el pogo de tu corazón,
masturbo a una leona herida,
juego bien a la pelota,
imagino cómo festejar un gol en el banderín del corner,
bailo cumbia con criterio,
recibo un subsidio emocional de YouTube,
busco,
prometo que voy aprender a manejar,
flasheo que me voy a pegar un palo en la ruta,
maldigo,
conseguía entradas gratis,
autogestiono mi silencio,
encuentro,
perdía sentido,
miro el celular mientras me hablan,
tengo fuerza,
tiemblo,
parecía cierto,
digo la verdad cuando exagero,
recortaba pedacitos de horizonte para pegar en la distancia,
buceaba en pelopinchos clausuradas,
resucito fantasmas,
sentía lo contrario,
caigo siempre del lado de la mermelada,
podía confundirte,
cambio,
extrañaré las boludeces que no percibo,
sostengo que lo que escribo no hace referencia a nadie
y abandono este tipo de poemas;
porque son divinos,
porque son infinitos punto rojo,
como el universo,
como la comunicación,
como las vueltas que da la vida.


viernes, 31 de octubre de 2014

Ambulancia

Cuando pasa una ambulancia,
en Buenos Aires,
el colectivero bufa,
mira para todos los costados
y maniobra como si estuviese
manejando un barco.
Una hipster que está leyendo,
levanta sus ojos un segundo,
mira por la ventanilla
y vuelve a la prosa.
El pelado con auriculares
blancos ni se mosquea,
sigue moviendo su cabeza
con cara de Creamfields,
llevando el tiempo con el pie.
En la vereda,
una señora parecida a Beatriz Sarlo
charla con su portero y gesticula,
mientras se abanica mirando la nada.

Cuando pasa una ambulancia,
en Arrecifes,
los perros ladran y aúllan,
como si estuviesen llorando.
Dora, Norma, Gladys y Elsa
pegan la oreja a la radio,
susurrando un Padre Nuestro,
con el mate en la mano.
Maxi, El Ema y Misimerri persiguen
el morbo de la sirena en una Zanellita,
con los pelos al viento,
con la sonrisa llena de adrenalina.
Hugo llama a su hija desde el negocio,
y como Mechi no atiende,
Hugo putea mirando el cielo.
Por unos minutos,
una pequeña Guerra de Vietnam
se desata en nuestro pecho.

martes, 14 de octubre de 2014

Nuestra última guerra romántica de las galaxias

Lo que queda del Ejército Argentino
tocando La Marcha Peronista
en pleno Cañón del Colorado.

El viento gringo chifla y duele,
hace revolotear las piedritas que
rodean los borcegos negros,
logra que la maravillosa música
se pierda en el aire.

Detrás del último show,
en la sombra de la trinchera,
quedan envoltorios de alfajores,
fotos de novias,
dos paquetes de yerba sin abrir
y una camiseta trucha de la Selección,
firmada por Mascherano.

El sol es el velador de un asilo,
las nubes son baguettes de metal,
el cielo se cierra como un ascensor
y se escucha el sonido de las naves
en la inmensidad rojiza.

El soldado raquítico que toca el redoblante,
mientras llora y canta que
todos unidos triunfaremos,
nota que una lucecita roja
tambalea en su frente.


lunes, 13 de octubre de 2014

Balotaje

Hace un rato cerraron los comicios
en las elecciones de mi corazón.

Gané,
pero debo ir a balotage
con la incertidumbre.

En el bunker de mi alma,
a punto de salir a dar la cara,
siento que el tiempo 
es un padrastro borracho,
con un cinto en la mano,
gritándome que ya voy 
a ver lo que me espera.