miércoles, 23 de noviembre de 2011

Jacarandá


Un jacarandá en noviembre
es la camiseta de Dálmine
cayendo lenta desde el cielo,
como si fuese papel picado
en un casamiento cheto;
y Plaza San Martín se pone violetita,
hermosa,
húmeda,
es un collage en el que sólo nosotros
podemos sacarnos diez felicitado,
un moretón recién nacido
desinflándose sobre tu muslo.
Si Violeta Parra los viese...
son fantasmitas de carne
que juegan bajo el ombú,
ey, vo, sin compromiso, amigo,
hacen paracaidismo con la cara cuando
inflan la bolsa de pegamento,
ella les cantaría al oído,
lloraría de rabia,
ellos seguirían hablando con el árbol
o durmiendo en la sombra del Kavanagh,
solos,
reloquitos,
mal,
viendo como una modelo posa
con el jacarandá de fondo,
divina,
la plaza,
la piba,
los tejes y manejes de la primavera,
toda la belleza en repudio del miedo,
la canción de María Elena,
disfrazarse de lluvia en un acto de la primaria,
Violeta Urtizberea,
Violeta Kesselman,
atrincherarse en la hamartia del impulso,
una toalla desteñida que ahora es lila,
vacas de Milka llegando al Mercado de Liniers;
y otra vez,
a las siete de la tarde,
dejo párrafos para mañana,
cruzo la plaza,
desde lo alto veo la soledad de Retiro,
pienso en un amanecer de Arrecifes,
caminando,
volviendo de la noche,
el cielo gris claro,
contrastando con un jacarandá tupido,
las calles vacías,
un perro ladrando,
mi hermanita soñando
con el chico que le gusta.


viernes, 18 de noviembre de 2011

El amor

El amor nunca olvida lo amado y padecido, y como nunca olvida, no conoce el olvido.
Armando Tejada Gómez

El amor,
en tiempos del populismo,
es la soja del psicoanálisis,
es el único que corre a la muerte por izquierda,
una mancha de fernet en la camisa,
un plagio de la soledad,
romperse los ligamentos cruzados;
es el Maracaná de distancia que tiene con el te quiero,
esa disputa absurda,
la oferta y la demanda de lo que sabemos callar,
la tregua.

El amor,
en tiempos de la estética,
es la grasa trans del recuerdo,
irónico,
básico,
cínico,
es el sentimiento preferido de los hippies
y de los supermercados chinos,
la fuerza occidental que permite que
Romeo le revise el celular a Julieta.

El amor,
en tiempos de poner los huevos sobre la mesa,
es un GPS progre,
una Cindor en botellita de vidrio,
mi vieja volviendo del trabajo,
tu voz a la noche,
cerca,
lejos del pasado,
los años,
los celos,
-esa pose Greenpeace del amor-
tu abrazo,
el almacén abierto hasta las diez,
el latido a punto caramelo,
el llanto de Rodolfo cuando se enteró lo de Vicky,
o la lágrima que cae,
como un emoticon de sal,
cuando se terminan ciertos libros,
esos sementales hermosos,
que te cogen y te dejan,
porque eso también nos toca,
porque eso también es parte,
y porque el amor,
esa religión llena de carne,
es así.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Whisky ad honorem


Dos ojos mirando por la cerradura,
enfrentados,
uno adentro,
otro afuera,
ninguno en la mirada,
ambos en la fuerza,
se lamen las pupilas,
se enamoran apropósito;
llueve,
tormenta eléctrica,
se quema un Marshall de 100 en un garage de Paso del Rey,
enanos de jardín con ataques de pánico,
despintados,
cascaritas de cementos,
la sangre tiene el color que nos conviene,
el que nos falte,
hacemos de extras en el corto de la ansiedad,
aparecemos todos felices ad honorem,
obturados en la congoja,
en este casting sin filtro,
en este rodaje sin catering,
nos ponemos los anteojos para ver el presente,
forzamos la vista,
mientras tanto,
el futuro nos loopea en la cabeza...
whisky!
perdón, va otra vez,
whisky!
esperen, va otra,
whisky!
el temperamento chatea como no conectado,
entonces ponemos un Mc Donalds en Carmen de Areco,
cuarto de libra sin cordón cuneta,
nos fundimos,
pagamos indemnizaciones,
esos manotazos de buena leche
que nos permiten dormir ocho horas,
todo eso bien en foco, por favor,
atrás están las sobras de lo que ves en mi sonrisa;
caminamos por el parque,
comemos una manzana acaramelada,
nos amamos como para ser el fondo de pantalla de una Mac,
nos tanteamos la prudencia,
nos olemos el silencio,
nos convencemos
y esperamos que el mundo cargue para ver otro capítulo:
obesa y anoréxica en un subibaja,
las dos llorando,
la gorda con el culo apoyado en la tierra,
la flaca en el aire volando triste,
una en cada extremo de la vergüenza,
de la impotencia,
la gente les saca fotos,
gatillan,
ellas miran a la cámara y siguen llorando,
desesperadas,
muertas en sepia,
el flash las salpica como un fuego efímero,
las empuja al infiernito,
abandonadas en este sacrificio;
desde lejos,
un milico toma gaseosa del pico sentado en el capot de un patrullero,
bajo la sombra,
un pony posa con un rubiecito al lomo,
bajo el sol,
una madre soltera le saca las liendres a su hijo,
seguimos caminando,
me mirás,
te miro,
sonreímos,
alguien gatilla,
qué flash!



jueves, 20 de octubre de 2011

Los Personajes

Me siento a escribir la novela,
no escribo nada,
la leo,
me enamoro toda una mañana de Lucía,
pierdo objetividad,
no sé a qué me refiero,
los otros personajes lloran,
los reto,
lloro con ellos y avanzo entre la brea.
Abro la ventana,
entra el sol,
leo diarios digitales,
mate amargo,
los caracteres que nos protegen,
se llena de gente,
de noticias,
de superficie,
de onda,
de silencio,
gente bien, como uno,
gentilicios,
gente fanática de la Fanta,
gente que se hace la misteriosa,
como si estuviesen chateando con Firmenich,
gente que no te ama,
gente que no sabe lo que se pierde,
esa inmortalidad, esa omnipotencia
que siento cuando te desvisto.
Se nos llena la vida de criteriosos,
de corazones indies,
de personajes bien construidos;
la dependencia de un link,
cortita y al pie,
como la desilusión,
limpiemos lo que limpiemos,
soñemos lo que soñemos,
olvidemos lo que olvidemos,
acá todavía retumba el orgasmo que fingió el Tiempo,
la transpiración,
los latidos,
el agite,
las cosquillas,
todo lo que se moja indefectiblemente con la angustia,
la humedad,
hasta la posibilidad de muerte que tienen los besos,
y nos queda el musgo en las paredes del ombligo:
el orificio sensible del protagonismo,
el cordón umbilical del ego,
el clítoris de Twitter,
la sombra de la culpa.





miércoles, 28 de septiembre de 2011

Fin del mundo

Somos,
entre otras cosas,
un metegol con pelotitas pares,
las ortigas más lindas de la primavera,
socios fundadores del Club Atlético Incertidumbre,
podemos ser,
en todo caso,
un fracaso que no nos enseña nada,
una vuelta olímpica en slip,
el xilofón de Wilco,
la última seca de Robert Nesta Marley,
la maqueta de un suicidio que pasaría desapercibido,
un aburrimiento,
buenos ladrones de snacks.

Somos,
se puede decir,
el hermoso olor a tu pelo limpio,
un shampoo vacío,
ex adictos a Salinger,
un oficial de la Bonaerense llorando.

Somos coyunturales,
pero no sabemos hasta que punto,
somos el pueblo, el carnaval, la noche,
somos Carver en Twitter y
Coelho para tu familia,
somos Ariel Ortega para la popular y
José Luís Calderón para los técnicos,
somos precarios,
entre otras cosas,
entre otros miedos,
somos felices,
hacemos el amor,
garchamos,
amamos al mismo que le decimos chongo,
somos cobardes,
conformistas,
culpables.

Somos,
una trosca en tanga,
peronistas cuando nos conviene,
socialistas para no quedar pegados,
somos,
como quien no quiere la cosa,
un fin de semana en Mar de las Pampas,
nuestros nombres escritos en la arena,
ves?
ves que si queremos también somos cursis,
hasta podemos ser sinceros;
pero somos,
las distintas alternativas de la nostalgia:
la muerte, la paciencia y el egoísmo;
somos los mismos de siempre,
los que te siguen a donde vas,
somos la soledad de un cajero automático,
un canal de aire,
el rating,
la moda,
ese pequeño terror al Fin del mundo,
pero nadie lo dice,
nadie lo asume,
no le tenemos pánico al Fin,
sino al Comienzo,
de lo otro,
de lo mismo.



martes, 20 de septiembre de 2011

La casa de mi abuela Mamei


En los últimos dos prácticos de Literatura Inglesa escribí
los versos que le dieron mecha a los poemas restantes,
me pido un poco de disculpas,
le mando un abrazo a Marlowe y a toda la muchachada british;
también me acuerdo de tu foto en el Globe,
acá en Buenos Aires hacía tanto frío,
todo estaba tan lejos,
tan otro mundo;
pero hagamos foco,
los versos que dieron mecha,
el caracú de este puchero,
es otro:
La casa de mi abuela Mamei,
allá,
del otro lado del arroyo entubado,
en el Bajo Arrecifes;
pongamos pausa,
mirá bien,
en este déjà vu infante hay un vacío quieto,
postrado sin tapujos en un día de semana del invierno de 1995,
mis primos,
Yamil, el Toto, Emir, el Negro Omán, el Amarillo,
semifinales del mundo en el patio
o en la placita que ya no existe más,
la hamaca era uno de los arcos,
tenía travesaño y todo,
jugábamos contra los pibes del barrio,
los Orioli, hermanos cordobeses,
Regalón, Calita, Pitico, Caraegato,
mi hermano siempre se plantaba,
nerviosito, astuto, te primereaba,
mi hermano y el Toto que atajaba,
entonces Yamil y yo tirábamos lindas paredes,
todo es un preludio infinito,
la pelota que me gané llenando el álbum,
olor al gas de la estufa,
el pasto reseco,
pan oreado,
mermelada de damasco,
cruzar la Plaza Mitre,
los chicos del centro,
las carreras de karting a rulemanes,
mi profesora de inglés particular diciendo:
stop in the same line,
todos juntos cantando Imagine o Lemon Tree,
mis tíos,
la Cari, mi preferida hasta que el 2012 sea cierto,
el Ale, el Gallego y Jorge,
el Turco para los pelilargos que integraban "Búho",
mis abuelos,
Mamei y el Cholo,
los padres de mi vieja,
los suegros de mi viejo,
café con leche para el resto de mi vida,
mis bisabuelos,
Juana y Germán,
el Siglo XX de carne,
Germán murió a los 99,
pidió que su cajón lleve una foto de Perón
y una camiseta del Rojo de Avellaneda,
Juana tiene 94,
lo extraña,
le pregunta a mi mamá por él,
pero en aquel momento,
en el invierno del 95,
un día de semana,
Germán era jardinero,
pitaba como un murciélago,
se amaban con historia,
esa felicidad que hasta parece impune;
ahora tengo un maremagnum de primitos
que sonríen los sábados al mediodía,
si ellos supieran,
la tarde oscura que apagamos la tele,
llovía como cuando Palermo le hizo el gol a Perú,
la inundación,
la mirada de Mamei perdida en
lo poco que quedaba del horizonte,
El agua desde los ranchos,
a veces cuando estoy escuchando a Dylan
recuerdo estas cosas y me pongo a llorar,
en seguida me río,
se me viene la mañana que con
el Toto matamos una víbora ciega,
o cuando la Cari me llevaba a tomar helado
de crema del cielo a lo de la Yepa,
en frente de la casa de la Rosi,
la doncella noventosa de la calle Alberdi,
hace poco volví a verla,
tiene un diente menos,
se me cayó una década encima,
el padre tomaba vino y tocaba el acordeón en la vereda,
al lado de la Iglesia Evangélica - Unión Pentecostal,
nunca escuché un Sapucái tan Kurt Cobain,
la tardecita era un clip de su chamamé,
siento que están pasando los créditos de mi infancia,
el campito de los circos,
los parques de diversiones,
el samba, las sombrillas voladoras,
las chicharras eran voces en off de la siesta,
los horneritos,
Loco tu forma de ser,
el miedo atroz a las gitanas que vendían alfileres,
espiábamos por la ventana y Mamei no les abría,
nos cruzaban los dedos,
nos miraban fijo,
nos deseaban el infierno que inventó occidente,
no puedo creer como todavía no estamos muertos
o siendo perseguidos por El Chancho con Cadena,
si todo esto fuese mentira,
si nunca hubiese visto al regador municipal
mojando las calles de tierra,
lo inventaría,
intentaría soñarlo todos los días,
aprendérmelo,
para contarlo tal cual,
con lujo de detalles,
con una leve tendencia a la exageración,
en la cena que me presentes a tu familia,
en una entrevista de trabajo,
o simplemente,
para escribir este poema,
que en definitiva,
es lo mismo que estar vivo.




miércoles, 7 de septiembre de 2011

Pequeña crisis del Egoísta

Vos no te das cuenta,
te cuesta ponerte en mi lugar,
es muy triste cuando me hacés sentir prescindible,
no te das una idea,
lo pienso un rato y se me baja la presión,
como a las minas en los recitales,
no se lo deseo a nadie,
ni siquiera a vos,
prefiero caerme dormido de una camacucheta,
jugar un partido de waterpolo en el Riachuelo,
soy un yo-yo sin hilo,
tengo el ego a la miseria,
por eso este poema muere acá,
que nadie lo lea,
no hay nada que pueda sacarme
este puñado de esquirlas del pecho,
sólo te pido algo:
si algún día te vas de casa,
llevate el Libro de Quejas,
llenalo en mi ausencia,
pensando en mi,
leelo,
releelo,
seguí pensando en mi,
y date cuenta,
quién te ama hasta en verano?
quién te necesita siempre on line?
quién te cuida del pasado?
pero no,
vos no te das cuenta,
te cuesta mucho,
una banda.

martes, 23 de agosto de 2011

La Feria del Libro

Una promotora rubia te ofrece

la muestra gratis de brancamenta:


indómita,

negás sin levantar la vista,


sentadita,

leyendo el libro que te robaste,


atónita,

tu vestido floreado,

vintage como tu cara,

como tu sonrisa,


ida,

tus cachetes del culo rojos por el pavimento,

tu mirada acongojada,

desplomada sobre los versos,


irresponsables,

mientras seguimos haciendo tiempo,

mientras seguimos haciendo nada,


hipócritas,

el pabellón dónde está la oferta de Paco Urondo,

se llama José Alfredo Martínez de Hoz.

miércoles, 10 de agosto de 2011

La esperanza

Izando la bandera del martirio
se nos va a romper el joystick del progreso,
nos vamos a volver marginales
hasta perder la noción de la distancia.

Esta vez,
ojitos de Almendra,
no creo que metas
una foto del Marqués de Sade
dentro de tu voto;
esta vez no,
ahora la patria también se parece
a nuestras siestas con el ventilador al taco.

lunes, 8 de agosto de 2011

Oda a Microsoft Word


Te vi vacío,
lleno de atrocidades,
de miedos,
de oraciones unimembres
que nunca nadie podrá leer.

Te vi cansado,
centrado,
justificado,
alineado a cada uno de tus costados.

Te vi abrirte lento,
preguntarme si deseo guardar
mi histeria sintáctica,
repreguntarme si estoy seguro,
ponerle límites a la existencia.

Te vi inmortal,
lúgubre,
triste,
aburrido,
conciente de ser el único,
de vacaciones en el escritorio,
acariciando el WordArt,
esa mascota menemista
que decora tu estatus.

Te vi viejo,
solo en un asilo,
abandonado,
incompatible,
con tu lomo blanco lleno de marcas rojas,
torturado por la RAE,
esa sarta de sicarios del verso.

Te vi en todas tus versiones,
metiendo un pase entrecortado
para que la impresora defina.

Te vi llorando,
sangrando,
craneando mails olvidables,
echar de menos un millón de notas al pie.

Te vi celoso,
tímido,
ansioso,
haciendo scroll desesperado,
la forma más absurda del consuelo.

Te vi en el sueño de la siesta,
en la cárcel,
con la elegancia de la cursiva,
con las tetas paradas de la negrita.

Te vi,
desde que tengo uso de la razón que me toca,
dentro de mi vida,
cerca del aire.

Te vi,
fuerza enferma,
paladar del alma.

Te vi,
y me hago cargo.

martes, 19 de julio de 2011

Somos un archivo de folios infinitos


Esa remerita de Los Piojos

dejaba tu cintura a la intemperie,

transpirada y hermosa,

porque del barro te viste crecer

porque del barro sos vos,

como quisiera que me vuelvas

a pedir que te suba a los hombros,

para cantar como loca y mostrar

la bandera de Villa Raffo,

como quisiera que vuelvas a tener un poco

de aquel rollinguismo abstracto,

aunque ya no vale la pena,

ahora soy tu tabú familiar,

somos un archivo de folios infinitos,

en Tribunales nadie se imagina

que alguna vez abrazaste a un rolo,

los cadetes te dicen doctora y bajan la mirada,

tu vieja está feliz,

me la crucé en la farmacia,

si vos supieras las cosas que compra,

me miró como cuando éramos felices,

como sabiendo que sigo siendo fiel a mis tatuajes,

no la juzgo,

vos sos abogada de frente manteca,

laburó mucho para eso,

debe sonreír cuando se imagina tus reuniones,

pero nadie piensa en el final,

en el momento que esa sala queda vacía,

ahí queda toda la verdad impregnada,

una masa amorfa y densa de verdad,

nunca voy a conocer tu derpa en Las Cañitas,

a mi no me debés nada,

cada uno hace lo que puede,

a vos tampoco te juzgo,

si todavía en mi cuarto tengo colgado el trapo,

el rencor es un invento de la derecha,

de tus jefes,

háceme caso por última vez,

algún día cuando termine una reunión

dejá que se vayan todos y quédate sola…

el desierto de azúcar en el fondo

de la taza de café,

míralo bien,

es una tempestad dulce,

que se parece a tu montoncito de dedos

cuando te decía que tenías la culpa,

cuando te decía que había que dejar

de pegarle portazos a la paciencia,

cuando te decía que no podías ver

más allá de mi cara de culo,

inmediatamente,

tanto silencio se cae de maduro:

nunca voy a ser el sexto grande de tu vida.

lunes, 11 de julio de 2011

Me quema la cabeza pensar que te vas a ir a vivir a Francia


Entonces te imagino caminando por el Boulevard Sébastopol
de la mano de uno de esos,
los nuevos pensadores argentinos,
un puaner ortodoxo,
un snob, un ortiva,
esos que en las reuniones no nombran Cortázar
porque es un lugar común,
esos que siguen eternamente merodeando los pasillos de Puan,
saco negro, morral de cuero,
porque saben que las pibitas de primer año
andan por el patio hablando de Estructuralismo,
buscando que Fogwill vuelva y las enamore para siempre,
tengo ratitos que me desesperan,
y me quema la cabeza pensar que te vas a ir a vivir a Francia,
porque además siempre te veo con un tipo así,
parece apropósito,
pienso que se van a cruzar con Zidane en un restaurant
y este pelafustán que te abraza no lo va a reconocer,
esos tipos son así,
Zidane es un poema,
su ídolo es Francescoli,
que es uruguayo como la Maga,
pero vos no sos la Maga ni Ludlud,
y ninguno de los amigos de tu Oliveira será Gregorovius,
nunca,
pero vas a conocer París sin mí,
se me cae una lágrima cuando lo pienso,
te imagino comparando París con el bajo Belgrano,
diciendo sonriente que te recuerda a las calles
que rodean la cancha de Excursio,
o Barrancas,
donde frena el 15,
donde está pintado el mural de Toni “El Gordo”
con un chumbo en la cintura,
te veo hacerte la feliz,
cualquiera,
este poema iba a tener cuatro versos,
me levanto en el medio de la noche porque no aguanto,
tengo frío,
me pongo el buzo de entrenamiento de River,
el de la temporada anterior,
y que River juegue en la B ya no es más una metáfora,
y París tampoco,
es un lugar de mierda que vas a conocer sin mi,
los sábados vas a tirar piedras en el Senna,
vas a hacer patito,
y acá,
si entran los visitantes,
a mi me van tirar piedras los pibes de Merlo,
pero no creo que eso pase,
aunque acá nunca se sabe,
no es como en París,
que andan sin buscarte pero sabiendo que te van a encontrar,
no,
acá no,
la línea D va llena y olvídate,
ya sabemos que perdemos,
y me quema la cabeza pensar que te vas a vivir a Francia,
me saco el buzo,
el pantalón,
las medias,
dejo una en cada zapatilla,
apago la luz,
toda dormida,
el pelo sobre la cara,
te abrazo,
murmurás,
y en la oscuridad de la habitación
veo la fosforescencia de un matapolillas,
redonda,
con el perímetro desprolijo,
como lo que veo cuando cierro bien fuerte los ojos,
como la luz de la bengala que ilumina mar adentro tu noche.

lunes, 4 de julio de 2011

Lobby

La luz del pasillo

se inventó para los miedosos;

la prendo,

llego a la cocina,

abro la heladera,

tomo agua del pico,

boxer cuadrillé,

remera blanca de Maratón Solidaria,

descalzo,

baldosas frías,

vuelvo por el pasillo,

apago la luz,

me tapo,

me acurruco,

y en el entretiempo del estado alfa,

pienso…

tu psicóloga y la mía

tendrían que juntarse en una esquina

y recagarse bien a trompadas;

o de última,

no sé,

hacer un debate en TN,

con placa roja, imprenta blanca:

DOS PROFESIONALES HACEN LOBBY

CON INCERTIDUMBRE AJENA.

jueves, 23 de junio de 2011

Te amo











El invierno llegó,
hace rato,
como el futuro.

Un encapuchado y otros duros
irrumpen en la mitad de la cancha
para exigir huevos:
hay que dejar la vida,
sarpados,
se terminan los negocios,
la frula rica,
la sobra del sindicato,
los estacionamientos,
los Sheratons.

Acá,
desde este lado de la distancia,
ajeno y culpable,
corruptamente abatido,
desolado, impotente,
muero con los ojos en el televisor,
mi corazón es el primer ensayo de una banda punk,
-como en el último cuento del Ocaso del Caos-,
intento respirar,
quitarme el tiempo,
y me imagino el morbo de Olé,
la sal en carretilla que van a tirar
sobre esta incertidumbre,
que se parece a la frutilla húmeda
que te deja la alfombra de “Fútbol 5”.

Diez y media de la noche,
22 de junio de 2011,
abro la ventana,
desesperado,
veo la última lluvia resbalar
sobre el Duna blanco de Rodo,
y siento la historia en el pecho:
mi viejo,
mi hermano,
el tren,
las garrapiñadas,
el porro de la flaquita
contra Deportivo Español,
y todo eso que somos,
un amor incondicional,
vasto,
que me alcanza desde el vientre,
irrebatible,
amor,
estés donde estés,
nunca te daré por muerto,
para eso está Twitter o Facebook,
esos que se estresan
para conseguir su ratito de onda,
olvidate,
ni tu calamidad
les dará eso tan inalcanzable;
amor,
seguiré caminando por Microcentro
cantando tus canciones,
qué me importa que me miren
los tipos de traje y los porteros,
estés donde estés,
serás enorme,
tu inobjetable cariño popular
detrás del arco,
y mis perros,
seguirán llevando
el nombre de tus jugadores.

Hoy,
no espero más nada.
Sólo te amo.
Como siempre.

martes, 21 de junio de 2011

Estrés

No tenemos tiempo

ni para juntarnos a ver un eclipse,

ojalá me agarre un ataque de pánico

así mañana falto al laburo,

el New York Times lo escribe Stress,

s, t, r, e, doble s,

el Diario Crónica lo escribe Estrés,

e, s, t, r,

acento en la é y s,

es lo mismo,

los síntomas se multiplican

como las liendres en primer grado.


Tienen colgada la tesis,

se mienten,

se confunden,

y ahí tenés,

se estresan;

agarrate:

parálisis facial,

fotofobia,

toda la bola,

cagaso generalizado,

pinta el ACV y comprás

un afinador para el arpa,

miedo, todos tenemos miedo,

viste que no importa la edad,

te tenés que relajar,

te toca y te toca,

no hay tu tía,

a la lona, olvidate,

te tiran la toalla, la bata,

hasta el desodorante,

toquen la campana,

chocolate por toda la jeta,

toquen la campana loco,

basta, o sea,

que alguien me salve,

que termine,

que hable Osvaldo Principi,

y rajemos de este Luna Park.


Estrés,

caricias, llamados, silencios,

campeonatos estresantes,

“Pagando en efectivo,

2 x 1 de Rivortril”

esta farmacia se pone,

¿venís seguido?

¿qué onda tus amigas?,

podemos hacer una previa en casa,

¡apurate!,

te piden por favor,

te dicen gracias,

pero siempre te tenés que apurar,

viene el pibe de la moto

y te dice que es Urgente,

que eso le dijeron,

entonces se arma un dominó podrido de Urgentes,

y bueno,

la mina de cuentas colapsa,

el diseñador golpea la Mac,

la recepcionista llora,

el cliente toma café y recibe un mail

con asunto “Urgente”,

es el hijo de puta de su jefe,

que a su vez,

otro hijo de puta apurado,

de mayor jerarquía en hijaputez,

le dice que lo solucione,

no importa como,

para eso estás,

y otra vez,

todos se estresan,

hasta los hijos de puta,

es terrible,

anda el psquiatra si querés salir campeón,

enfermos,

no le pongan tanta sal,

pinta la presión alta,

todos enfermos

y la ciudad prendida fuego,

Rapipago es Lentipago,

colas interminables,

bufando,

odiando,

“Muere cajero apuñalado

por ama de casa impaciente”,

es que la gente se saca,

hay un banco genético

de adrenalina descartable,

de ansiedad impertérrita,

de miseria temporal,

¡te dije que es Urgente!,

como una locura mañana a primera,

pero lo necesito ya.


Apurados,

nerviosos,

“bajá un cambio” dice el cadete

con una remera de Bridge to Babylon,

pero igual se apura,

más vale,

sino lo rajan,

“Amplia disponibilidad horaria

y saber trabajar por objetivos”,

es decir,

organicemos la paranoia,

seamos prácticos,

los novios se dicen que se aman,

y claro, se estresan ,

porque amar también es un estrés,

se desvisten apurados,

se lamen, se rompen los botones

y hacen el estrés,

son precoces o frígidos,

y no se dicen nada,

de eso no se habla,

todos estresados,

no les viene porque están estresadas,

y procrean estrés,

es hora de formar una familia,

recibite y nos vamos a vivir juntos,

que lindo, mirá esos ojitos,

tiene el estrés del padre,

cuando sea grande se va a tatuar

la palabra Urgente en el brazo,

lo lleva en la sangre,

lo lleva en el tiempo.