viernes, 26 de agosto de 2016

Playa Maestra

Una tardecita,
con un hit de fondo,
todos los amores de verano
se convocarán en una playa.

Dispuestos a comenzar
la última revolución,
avanzarán mar adentro
con el corazón hecho brasa.

martes, 16 de agosto de 2016

Mapa

Aunque te tenga al lado, 
cada vez que miro un mapa 
me pregunto dónde estarás.

miércoles, 3 de agosto de 2016

En la noche de frío

Escucho La Ventanita
y te imagino sonriendo,
al atardecer,
con un vestido de verano,
despeinada y descalza,
parada sobre el pasto.

La canción no tiene
nada que ver con vos,
pero vos tampoco tenés
nada que ver conmigo,
sin embargo te pienso
como si fuésemos
kerosene de lo posible.

lunes, 1 de agosto de 2016

Avión

Un muchacho de pueblo,
hijo de trabajadores,
el primero de la familia
en pisar una facultad,
se sube a un avión
con culpa de clase.
Desde el cielo,
y de noche,
Buenos Aires es una nena ansiosa
con la cara llena de brillantina
y el Río de la Plata es una lágrima
enorme de un gaucho triste.

martes, 5 de julio de 2016

La musiquita invisible

Cuando se apaga la
musiquita invisible
se termina el baile,
no hay más cumbia
en los ojos de nadie,
no hay amaneceres
dispuestos a mañana,
entonces queda irse,
alejarse de los restos,
todo parece el karaoke de
un tango en un salón vacío.


Entonces acá,
en la orilla de un río
crecido y sucio,
me pregunto:

¿Qué vamos a sacar de
semejante acorde menor?
¿Qué vamos a entender
de lo que no se puede?
¿Qué vamos a perder si no
pudimos abrazar el fuego?

No sé,
siento que nunca sé,
y sin nuestra melodía
el futuro es una
quiniela perversa,
pero cuando se apaga
la musiquita invisible
mueren los supuestos,
el tiempo estalla,
el pasado pesa como
un cajón de cerveza
en una sola mano,
y caminamos rengos,
con el peso encima,
con la ilusión puesta
en una histeria inerte,
y pasan los autos
con música al palo,
pero no es nuestra
musiquita invisible,
es otra,
más real,
más insulsa,
porque la nuestra,
la musiquita invisible,
la que ilumina todo,
desapareció de a poco,
metió un fade out fatal,
se le fueron los graves,
se le fueron los medios,
se transformó en un sacudón de
agudos que nos perforó la piel,
y te la regalo,
porque cada vez que
pienso en el principio
me pregunto pavadas
que me destruyen:

¿La musiquita invisible
no sonará nunca más?
¿La musiquita invisible
es un invento del miedo?
¿La musiquita invisible
se merece y se construye?

Y nadie responde,
más vale que
nadie responde,
porque sólo me
lo pregunto a mí,
porque me da vergüenza,
porque me da impotencia,
y qué triste es ver cómo se fue
la cumbia de nuestros ojos,
una inmundicia,
me parte el alma sentir
cómo hacemos lo posible
para esquivarnos,
para no cruzarnos en recitales
de las bandas que fueron parte
de nuestra musiquita invisible,
es la poderosa melancolía del indie,
es la prematura reacción de lo sincero,
y pienso en las noches que fuimos
el amor de una generación,
pienso en el rock como forma
de conocernos y aceptarnos,
y pienso en las bufandas,
y pienso en Villa Crespo,
nuestra musiquita invisible
recorriendo barrios porteños,
el barco que se va desde
los puertos que soñamos,
y hay respeto,
y hay cariño,
y honestidad,
y admiración…

¿Y qué importa?

Nada,
ya está,
nos falta todo,
nos falta la musiquita invisible,
ella y su lealtad,
la que nos acompañó,
la que nos cuidó,
la famosa musiquita invisible,
la que siempre suena cuando ya
no quedan silencios por inventar.

viernes, 6 de mayo de 2016

Trueque

Me creció una
Casa Rosada
en la nuca,
y cada dos o
tres horas,
mi cerebro
se escapa en
helicóptero.

La situación
es insostenible,
porque en
el corazón
tengo una señora
desesperada,
que llora,
que grita,
que pide por favor
que alguien se 
haga cargo,
mientras la policía
le tira con de todo.



jueves, 28 de abril de 2016

El basural que tengo en la mirada

Salgo del subte,
son las siete de la mañana
y todavía es de noche, 
diluvia, 
nacen cataratitas de Iguazú en todas
las alcantarillas de Microcentro, 
las luces hacen que la 9 de Julio 
brille con una tristeza definitiva, 
se me rompió el paraguas que 
me prestó Victor y troto como 
los muchachos del Cliba,
entro a un bar, 
pido un cortado como
quien pide un abrazo, 
miro un punto fijo, 
estoy a punto de llorar, 
logro evitarlo, 
leo, 
leo a Kureishi unos minutos
y quiero llorar de nuevo, 
esta vez se me complica,
una lágrima asoma, 
pestañeo, 
junto fuerza que no 
sé de dónde sale, 
entra una señora empapada 
con cara de inundación, 
dice algo del clima 
que no entiendo, 
se seca los pies en
un cartón y sonríe,
sigue lloviendo,
me concentro un par de páginas 
pero las lágrimas me hacen 
un paro general en las retinas, 
tiemblo,
mis ojos son dos
gordos sindicalistas
que transpiran mucho,
tengo frío,
hay ruido a vajilla,
los bondis frenan
justo en la puerta,
una moza mira el
celular y se ríe,
me pesa la garganta,
el televisor muestra imágenes
de un terremoto en Ecuador,
entra un chiflete por la ventana,
llueve más fuerte, 
intento seguir leyendo, 
no puedo,
no paro de pensar en
todo lo que me excede, 
en lo que no me sale,
en las cicatrices del futuro,
y llueve con asco,
llueve para siempre,
llueve como si el sol
hubiese abandonado,
pero se hace de día 
y debo hacerme cargo
del basural que tengo
en la mirada,
debo barrer la rabia que
le tengo a mi ansiedad,
entonces me levanto, 
pago y me voy, 
camino bajo la lluvia, 
estúpido,
abatido,
llego al semáforo,
tengo gotas en la frente,
me pongo la capucha,
quiero llorar,
lloro,
me lo permito,
pienso en cuándo va a ser
el día que aprenda a sentir,
cuándo va a ser el día que
no me va a doler el tiempo,
llueve horrible,
llueve miserable,
llueve horizontal,
cruzo Corrientes,
miro para arriba, 
y ahí está,
inabarcable,
tiene su atracción intacta,
me conmueve como la
primera vez que lo vi, 
como todos los días,
pero hoy,
con el corazón en
estas condiciones,
hasta la virilidad
del Obelisco
me parece violenta.